Sonriente atavío que veo desde la atalaya del mar Caspio, solitario y atemporal me siento al dar pasos a esa arena aptera, donde las huellas se desvanecen antes de nacer.
Miedo? Si... undívago en la marea monda extrañando los odas qué le componíamos a la luna, atrosa la manera en la que te perdí en la fortuna de cada veraniega mañana en la cuna de la costa amalfitana.
Soñando en la ambivalencia de nuestro amor de verano, sentí la cálida insana brisa de la marea. En el alba sonriente contemple la ataraxia de sus mil formas, perplejo ante lo inefable que llegó a ser...ahora dudo de aquella sonriente doncella que una vez ocupo tal atavío.