Cuando susurras mi nombre al alba,
el viento se viste con tu melodía,
se quiebra el silencio, el alma se salva,
y el mundo despierta con nueva armonía.
Eres rocío que besa la tierra,
brisa que danza en campos dorados,
la luz que abraza cuando la guerra
rompe las sombras de días nublados.
Tu voz es un río que nunca se agota,
corre en mi pecho con dulce rumor,
como la espuma que el mar azota,
pero se rinde ante el sol y el amor.
Si el frío invade mi piel sin aviso,
tú eres la llama que enciende mi ser,
si el tiempo se lleva todo lo que quiso,
tú permaneces sin nunca ceder.
Eres la luna que sigue mi paso,
faro encendido en mares sin fin,
luz que resguarda en su tierno abrazo
a un corazón que nació para ti.