La ciudad, un camino de estatuas.
La irreverencia de los pájaros
las tiñe con su paso.
Las estatuas, raíces del olvido.
Se busca una memoria desvestida,
se viste una figura de cemento.
El hombre es apenas
Idea de la fugacidad
Necesita ver, dejar huella,
mostrar un rincón en la historia.
Pero la memoria no ocupa espacio.
La vida parece llenarlo todo,
pero la muerte,
es la única dueña del espacio.
No es el espejo roto en el asfalto,
son los edificios caídos.
Es la ciudad desnuda
Y la cruz caída, su campana muda,
Como una oración
un eco sordo en el tiempo.
El mundo no se destruyó en un día,
se fue apagando con la lentitud de los milenios,
en cada silencio,
en cada venda atada a la voz.
\"Las cosas no suceden, sino me suceden a mí.\"
dijo un vagabundo,
mientras su ropa se volvía viento.
El hombre vio un mundo en llamas,
apago la pantalla
la brisa llevaba un aroma desconocido,
el viento hablaba el idioma de los ausentes.
Comprendió que la perdida de la paz,
comienza con el silencio.
y el temor de levantar su mano.
Sostener la paz,
Es encender la revolución del espíritu.