El agua corre en el río,
el aceite flota y calla.
Un viejo mundo les dice:
“Seguid la senda marcada”.
Les enseñaron la norma,
el dogma, la ley cerrada,
la verdad en un espejo
que solo muestra una cara.
Un joven mira la niebla,
otro bosteza y se marcha,
y el tercero, en su derrota,
abraza sombra y metralla.
Votad, comprad, obedeced,
que el reloj nunca se para.
Mientras, el agua y el aceite
siguen sin tener la misma vara.
José Antonio Artés