La familia de Andrés vivía en una constante tormenta de angustia y desesperación. El joven, antaño lleno de promesas y sueños, había caído en las garras de la adicción a las drogas. Cada día era una batalla, no solo para él, sino también para sus seres queridos, quienes observaban impotentes cómo se desvanecía la luz en sus ojos.
Las noches eran especialmente difíciles. Los padres de Andrés, Marta y José, se turnaban para velar, esperando que él regresara a casa sano y salvo. Las discusiones se habían vuelto frecuentes, y la tensión en el hogar era palpable. La hermana menor de Andrés, Lucía, apenas reconocía al hermano cariñoso que solía protegerla.
Tras investigar diversas opciones, encontraron un centro de rehabilitación con buena reputación. Aunque Andrés inicialmente se mostró reacio, la insistencia y el amor de su familia lo convencieron de internarse. Los primeros días fueron duros; el síndrome de abstinencia y la confrontación con sus propios demonios lo hacían querer abandonar. Sin embargo, las visitas constantes de Marta, José y Lucía le brindaron la fuerza necesaria para continuar.
En el centro, Andrés participó en terapias grupales e individuales. Escuchó historias de otros que, como él, habían tocado fondo pero habían encontrado una salida. Comenzó a comprender las raíces de su adicción y desarrolló herramientas para enfrentarlas. La presencia constante de su familia le recordaba que no estaba solo.
Con el tiempo, Andrés no solo logró superar su adicción, sino que también descubrió una pasión por ayudar a otros en situaciones similares. Decidió formarse como terapeuta especializado en adicciones, con el objetivo de brindar esperanza a quienes aún no encontraban salida del tenebroso mundo de las drogas.
Años después, Andrés se convirtió en un pilar en su comunidad, ofreciendo charlas y asesoramiento a jóvenes y familias afectadas por las drogas. Su experiencia personal le permitió conectarse profundamente con sus pacientes, y su historia de superación fue un ejemplo.
La familia que una vez estuvo al borde del colapso ahora celebraba la vida y los logros de Andrés. Habían aprendido que, incluso en las tormentas más oscuras, la fe y el amor podían guiar hacia la luz.
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Salir del mundo de las drogas es un proceso complejo que involucra factores físicos, psicológicos y sociales. Requiere no solo la desintoxicación del organismo, sino también un cambio profundo en la mentalidad y el entorno.
Cada proceso es único y depende de la persona y su contexto. Sin embargo, con el enfoque adecuado, es posible reconstruir la vida y mantenerse en sobriedad.
JUSTO ALDÚ
Panameño
Derechos Reservados / febrero 2025