Oye amor, hoy te fuiste y mi herida, no deja de sangrar.
De nada han valido mis súplicas y oraciones ante Dios.
Me pregunto en qué, se sustenta, ese hábito del orar.
Acá, en el hoy, pienso que lo mejor es, decirte adiós.
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Desabrigado, ante mi inquebrantable fe, te he visto.
En los tratos familiares, no todo será miel y menos fe.
Estoy convencida qué, en el amor, nada está previsto.
El sentimiento de los humanos, no se nutre de cuplés.
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Hay relaciones, cultivadas, desde el drama de los padres.
Son los guiones de las familias formadas, suelen repetirse.
El hijo será cómo los padres, para que todo, se encuadre.
Seguir esas prácticas, puede dar algo, para arrepentirse.
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Cada ser humano es grandioso, individual y diferente.
Desear que sea, como los padres o el vecino, es el error.
Es un desatino de los padres acusar a un hijo ausente.
El Ser trae su Alma, el intento de anularla, le da terror.
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¡El educar y ayudar a desarrollar al Ser, es tarea familiar.
El obligar y desviar su real esencia, es el acto de despojar!