Tengo anclado el corazón,
casi petrificado,
noto un latido débil,
un ritmo constante,
murió la melodía infiltrada
entre muñecas de trapo,
incendiadas.
Bebo un sorbo de tequila,
con sal y limón,
y vuelven esos miedos nocturnos
de ángeles que tropezaron
y se levantaron,
el silencio mueve secretos,
es fuego fatuo
y pensé en una apuesta,
pero hay que abrir caminos,
con honestidad.