Así era ella, mimada y caprichosa,
Era una mujer de la costa: un poco vanidosa.
De su belleza no quiero ni decir una palabra,
Ésta se opacaba por su carácter sin alma.
Pero como soy un hombre cabal y formal,
Jamás sabrán de quién hablo, no la voy a nombrar.
Pero yo sí le agradezco, por lo poco que dio,
¡Ah! Se me olvidaban... las mentiras que me regaló.
Y que estarán prendidas ahí dónde las dejó...
Muy dentro de mi alma y en el oriente de mi corazón.