Ely.M.

El nido de la costumbre

No siempre hay un tercero, ni tercera. A veces ni siquiera un nosotros, o el romántico tu y yo.

Es tan fácil caer en las garras seductoras de la ilusión.

Empezar a imaginar amaneceres y noches perfectas, cenas, desayunos, vacaciones espectaculares y centenar de cosas.

No todos somos valientes para decir la verdad a la cara, ni siquiera a nuestro reflejo en el espejo.

Preferimos engañar aparentando que todo está bien.

Pero a veces las cosas se tornan sin rumbo o son rumbos diferentes tan opuestos como el negro y el blanco.

Se callan tantas cosas por miedo a la soledad y al que dirán.

La costumbre hace su nido y a veces es difícil arrancar de raíz aquello a lo que uno siente que pertenece.

Estamos tan apegados a ciertas actitudes que las vemos normales. Ni cuenta nos damos cuando nuestra felicidad se escapa por la ventana.

La dignidad se pierde, la confianza en uno mismo se rompe en pedazos que no será fácil unir. Todo parece colgar de un hilo tan delgado casi invisible y que poco a poco se va desgastando hasta romperse.