Grandes cosas tiene el mundo
mas ninguna es comparable
a las maravillas ciertas
en la diestra del Señor.
Todo es sombra, todo es humo,
todo es grave vanidad,
simples sueños que se olvidan
antes aun de despertar.
Se siguen voces extrañas,
se busca lo que perece,
se encuentra lo que nos pierde,
se cree en la lengua que engaña.
Es mejor seguir a Cristo,
y buscar en él la vida,
y correr el buen camino,
y esperar su gran justicia.
No hay en el mundo un amor
como Dios nos da en Jesús,
ni existe caricia entera
como el tiento de su luz.
Las maravillas sin número
pertenecen al Señor,
y toda misericordia
de su santo corazón.