Raiza N. Jiménez E.

Encuentro Terapéutico.-

Guardados en mi alma, tengo muchos secretos.

Unos míos y otros, los más, habitan en custodia.

Mi oficio me obliga a proteger muchas historias.

A cada paciente, le otorgo, un absoluto respeto.

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En el proceso terapéutico, se adopta, la custodia.

Todo intercambio se da, con absoluta privacidad.

En la sesión se preserva, la escucha y la memoria.

La tarea del orientador va más allá de la amistad.

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Cierto que, la tarea del asesoramiento, es difícil.

Más aún, si el asesorado, se resiste a expresarse.

Contarle a un extraño, tus secretos, no será fácil.

El intercambio, serio y honesto, ha de propiciarse.

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El acto terapéutico, es un acto de fe e intimidad.

El intercambio profesional, jamás, será de amistad.