Al camarero.
Sonríes, cantas y hablas,
siempre que estás contento.
Tras tu mostrador de tablas
y tu pensar turbulento.
De pasión estás sediento,
de entregar un amor puro.
Sin que te de sufrimiento,
donde te sientas seguro.
¿Olvidas tu gran talento?
Cómo empatizas y agradas,
cuando haces sonreír
con palabras deseadas.
Y de corazón transferir,
lo que tienes de afables,
a quienes vas a servir
que son innumerables.
No olvides éste momento,
la alegría, la sonrisa.
El que entra está atento
y siempre viene con prisa.
Tu eres, buen camarero,
no descuides tu faena,
favorable es el sendero,
el eslabón de la cadena.
Francisco Pérez Bueno