En un barrio de la histórica ciudad de Cartagena, en la cálida Costa Colombiana, se alzaba un antiguo edificio de diez pisos. Su estructura, aunque imponente, evidenciaba el paso del tiempo y el azote de la naturaleza. Un temblor años atrás había afectado gravemente los tres últimos pisos, dejándolos inhabilitados. Los demás niveles albergaban modestos apartamentos de alquiler, cuyas rentas eran cobradas por diferentes personas, siempre en horas nocturnas, dejando un halo de misterio sobre la verdadera identidad del dueño del edificio.
Los inquilinos, en su mayoría familias humildes, comenzaron a notar sucesos extraños. En el segundo piso, dos niños padecían una fiebre intensa que parecía inmune a los remedios caseros. En el tercero, una adolescente de trece años quedó embarazada y aseguraba no recordar cómo había ocurrido. Puertas que se cerraban de golpe sin viento, ventanas que se desprendían de sus marcos sin motivo aparente, cuadros que caían en medio de la noche... Todo aquello sembró inquietud y miedo entre los habitantes.
Las habladurías no tardaron en propagarse. Dos ancianas, vecinas de toda la vida y fervientes creyentes en el poder de las fuerzas oscuras, señalaron a la mujer que vivía en el piso siete.
-\"Es ella\", murmuraban entre dientes.
-\"Las brujas son hermosas y seducen a los hombres. Ella baja cada noche vestida de blanco y no regresa sino hasta la madrugada, desaliñada y con una mirada inquietante. Nadie sabe qué hace, ni con quién vive. En su apartamento, que comparte con nadie, se escuchan gritos y lamentos. Yo la escuche en sus conjuros claramente gritando ABRACADABRA con una extraña música de fondo\"
El temor se transformó en certeza, y la desconfianza en odio. Poco a poco, el edificio entero se convenció de que aquella mujer del séptimo piso era una bruja que con sus conjuros enfermaba a los niños y causaba desgracias en la comunidad. La gota que derramó el vaso fue cuando los niños del segundo piso debieron ser hospitalizados debido a la fiebre. En su desesperación, los padres los llevaron al hospital más cercano, donde fueron atendidos por la misma mujer a la que acusaban de bruja. Vestida con una impecable bata blanca, la \"hechicera\" resultó ser una doctora que trabajaba en el turno nocturno, y quien, tras examinar a los pequeños, diagnosticó un virus común y les recetó los medicamentos necesarios.
Con el tiempo, otros enfermos del edificio llegaron al hospital y fueron atendidos por la misma doctora. Cuando la joven embarazada fue llevada para una consulta, se descubrió la verdad: su propio padre era el responsable de su estado. Así, cada caso tenía una explicación racional, pero los rumores no cesaban.
-\"No cabe duda\", dijeron las ancianas, \"cura con sus hechizos.\", ¡Ja! Doctora.
La superstición y el miedo irracional fueron más fuertes que la verdad.
Una noche, cegados por el temor, los vecinos decidieron tomar cartas en el asunto. Subieron en masa hasta el séptimo piso, golpearon la puerta con furia y, sin mediar palabra, comenzaron a destrozar todo a su paso. Rompieron muebles, desgarraron cortinas y, en su frenesí, prendieron fuego al apartamento. La euforia se tornó en caos cuando el fuego se propagó con rapidez, alcanzando los demás pisos. En cuestión de minutos, las llamas devoraron el edificio entero, reduciéndolo a escombros y dejando sin hogar a todos sus habitantes.
A la mañana siguiente, con el humo aún disipándose en el aire, la verdad golpeó con brutalidad a los inquilinos. La doctora, a quien habían señalado y castigado sin pruebas, no solo era inocente, sino que era la propietaria del edificio. Durante años les había cobrado alquileres módicos para que pudieran vivir dignamente, y además, había cuidado de su salud sin pedir nada a cambio. Pero ya era tarde para lamentaciones.
El edificio desapareció, consumido por el fuego de la ignorancia y el miedo. Los vecinos, ahora sin hogar, solo pudieron cargar con el peso de su error. Y la doctora, la supuesta \"hechicera\", se marchó para siempre, llevándose consigo una amarga lección sobre la naturaleza humana.
Al final, no fue la supuesta bruja la que destruyó sus vidas y que resulto ser una Doctora con buenas intenciones, sino la ceguera de sus propios corazones.
* La referencia a los gritos de ABRACADABRA es que la Dra. cantaba en voz alta la canción de Steve Miller Band del mismo nombre.
JUSTO ALDÚ
Panameño
Derechos reservados / febrero 2025