En el horizonte de mi alma, tu amor resplandece como un halo de luz dorada. Cada día, me envuelves en un dulce hechizo, donde la realidad se funde con los sueños y la felicidad es un suspiro constante.
Tu voz es una hoja al viento, ligera y libre, que danza entre mis pensamientos y deja en mi pecho una cálida huella imborrable. En cada latido, en cada aliento, encuentro la halagadora tu existencia, como una melodía que nunca deja de sonar y horas eternas.
Eres mi haz de esperanza, la brisa que acaricia mis miedos y los convierte en pétalos de confianza. En tus ojos, la verdad de mi destino se refleja con un brillo inconfundible, como estrellas en una noche serena.
No hay huracán que pueda apagar la llama de este sentimiento, ni distancia que borre el eco de tu risa en mi memoria. Eres mi horizonte, el faro que guía mi camino, el refugio donde habita la paz que siempre anhelé.
Con cada suspiro, con cada promesa, descubro que el amor es más que un latido; es un hechizo eterno, un haz de luz que nos une más allá del tiempo y de la razón.