Corona para esclavos, joya del desconsuelo,
Oscura esmeralda que envenena el corazón.
Runa pantanoso que condena sin recelo.
Oro fétido que aromatiza una ilusión.
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Nadie alcanza la gloria, ni vislumbra su anhelo,
Ancla su poder a promesa de redención.
Mata cánticos y como costras en el suelo
Atasca en el fango todo afán de protección.
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Laminas de oro caen derritiendo su lomo
Destino cruel de quien toma y toma la pepita
Intriga atravesada con lágrimas de plomo.
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Triste es siempre el precio de tragarse la pentrita
Todo lo pierde, y el cofre se convierte en pomo.
Aunque brille y crezca es una semilla maldita.