Romey

Confidencias ante la vela

Soñaría otro día, cayendo más todavía
preso de aqueya inercia negativa. Pero
cuándo una alternativa a la caída infinita?
Soñaría otra noche, y cambiaría mi aspecto
drásticamente, queriendo no volver a caer
en aquel arruinado castiyo yeno de duendes
y libros escritos en siglos siguientes. Sé
que deliro, que el sendero del hilo pende,
aunque ignoro quién teje redes alrededor...
Soñaría otro mundo, uno tan loco de amor
como yo. Nada se mueve. Yo aquí sólo
y con todos conciliando la muerte, y qué logro!
La envidia de los ambiciosos conquistadores
no bastará, y si me estimasen un poco
tampoco, porque jamás dejarán de orbitar mi ojo
insomne, en el tope de la torre cada noche
y cada día entre rincones donde conspiran nobles
charlatanes. Soñaría otra vez sin habla,
asombrado al ver tanta gente imaginaria
cayendo infinitamente como gotas frías sobre lava
hasta cansarse de sus rutinas mecánicas, útiles
para nada. Sueña otro yo conmigo; la soledad
y el olvido se hacen sangre al desear sustituirme,
y caen al agua amarga que beberán sus líderes insufribles
hasta saciarse de la yuvia del alma aún libre