Qué dulce el día de besar tus pies,
de volver a mirar tu santo rostro,
de oír de nuevo tu saber eterno.
Se anhela mucho a Dios entre los hombres
y en todas las criaturas de la Tierra
que esperan al temblor de su venida.
Aun desde lejos Dios hará grandezas,
y estando ya cercano, maravillas,
para alabanza suya en las naciones.
Pronto sabrán de tu poder, Señor,
para ser con justeza, enaltecido,
y con entero corazón, amado.
Darás a nuestro ser entendimiento,
y cual rocío que se asienta al alba
asentarás la paz entre los pueblos.