Un día me preguntaron si era feliz, me encogí de hombros y no respondí.
¿Para qué? Sé que mis respuestas no valen la pena, no se llevan en cuenta.
El dolor que me quiebra no tiene medicina, ni antídoto, ni vacuna.
Lo que tengo lo tengo de cuna, mil noches bajo la misma luna.
En mi mente está la tormenta más peligrosa que destruye mi memoria.
Nadie comprende este agonizante sufrimiento que vive en mí, inquieto.
La verdad, el vacío que cargo sobre mi espalda nadie lo ve o lo nota.
No echo lágrimas, ni un poco, ni una sola gota; camino en la penumbra.
Me oculto hasta de mi misma sombra por temor a que también me hiera.
La claridad de la luz me hace daño como a un sediento y famélico vampiro.
A veces camino, respiro, vivo, pero sin sentimientos y bajo ningún sentido.
Últimamente, todo me parece mal chiste, una broma pesada del destino.
Soy como el cuchillo sin filo: estoy allí, pero para lo que fui hecho no sirvo.
Me pregunto qué hago aquí, con qué propósito; creo que fue un error del universo.
Me señalan con el dedo, como si ellos fueran perfectos. ¿Opciones? No las tengo.
Lejos de todo me mantengo; sin embargo, igual todo me alcanza y me tropiezo.
Quiero estar lejos de todo movimiento, de rotación, de traslación, en un desierto.
\"Soy el incierto en carne y hueso, la duda andante, la opción menos impensable\".