Carlos Eduardo

SHI-PEING

¡Tú y tu dulce llamarada!
Arde deshabitada de rojos y pétalos.
Cuando te extravías,
¡tiene el manto de la luciérnaga iridiscente de tu mirada!
¡Oh locura!
¡Al fin no encuentras ninguna orilla!

 

SHI-PEING
      La poesía nace de los entretelones del amor y se vacía del alma, la duración no es importante sino que la profundidad que alcanza, si es capaz de vibrar en cada átomo de tu ser, recorrer con un hormigueante frenesí las emociones, hacerte sentir vaivenes tumultuosos e incomprensibles de tu ánimo, envolver tu mente en los estallidos de la naturaleza, agudizando tu sensibilidad a extremos inefables; es el paroxismo de la dilución transformadora de sí.
      Los sueños y la poesía construidos en las esferas de la fantasía jamás podrían hundirse. No se sabe si es la hora ni la distancia, tampoco, desde donde resiste y batalla la alegría de hacer de los labios del agua la poesía. Jardín de rubíes azules, princesa bella, luz de estrella. ¡Ah Mar! Aquí la niebla misma ríe, con una sonrisa blanca en mi barca.