ADIOS.
Por caminos de inocente niñez fuimos amigos,
en la primera escuelita de Cerro Alegre,
para que ningún tiempo el recuerdo quiebre,
que de la inocencia la vida nos hacía testigos,
hoy viejo traigo los encargos infantiles de cariños,
de aquella despedida en alegría y llanto,
encargo de la niñez pura que nos llenó de encanto,
edad que no habitan envidia ni violencia,
edad de amor fraterno puro que no crea la ciencia,
el amor de Dios encargado a sus santos.