No hay un día que no espere su regreso
sin saber cuánto de mi ya le estaba amando,
doliéndome por dentro el último beso
en la soledad donde me fui condenando.
Hay tristes letras que contagian mi verso
el verso donde mi alma la voy deshojando,
en un silencio donde yo estoy inmerso
con las lágrimas que por ella estoy llorando.
Día tras día se termina mi tiempo
con heridas en el fondo de mi cuerpo
en un mundo que nunca deja de girar.
Y al girar en él ella y yo también giramos
y con dolor aún no nos encontramos
y yo sin saber si ella me dejó de amar.