El morado lino de mi destino,
Es de un ritmo muy ardiente como un himno,
delirio fino aún no lo domino...
Más ante él, ni a punta en filo me inclino...
Y quizá mi ceño este en arrebato,
mi letra sea un fatal garabato,
mi voz narre mi lecho en un relato...
Y mi rostro perdure en la flama de un retrato.
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