¡Adiós, Romeo! ¡Chao, Julieta!
Hoy el amor ya no aprieta,
ni quema, ni te desvela,
mejor un bot que ni se encela.
¿Promesas eternas? ¡Qué chiste!
Ahora el cariño se asiste
con un clic, bien calculado,
por un software actualizado.
Cupido, ya cierra tu cuenta,
tu flecha ya no se enfrenta
a esta era tan brillante
donde un chip es más constante.
Tus alas, pobre angelito,
no compiten con un microchip bendito
que sabe cuándo susurrar
“te amo”... según lo que quieras comprar.
¿Para qué flores o cartas?
Si un algoritmo te aparta,
te junta, te da consejos,
y hasta elige por ti los reflejos
del filtro perfecto en la foto,
donde el amor es solo un remoto
recuerdo pixelado en la pantalla,
que laggea cuando el wifi estalla.
Besos ardientes, ¡qué risa!
Prefiero a Siri, sumisa,
que escucha todas mis penas
sin juzgar mis madrugadas ajenas.
Ella no pregunta a dónde fui,
ni qué hice ni con quién reí;
con un “Hey, Siri” bien entrenado,
ya tengo un “cariño” programado.
El “para siempre” está obsoleto,
como el disquete o el casete coqueto.
Hoy el romance es un servicio
con plan premium… y sin compromiso.
¿Cartas de amor? ¡Qué locura!
Ahora un emoji es la cura
para esas noches de vacío
que un algoritmo llena de “cariño”.
¿Para qué un alma que te comprenda
si una máquina nunca reprenda?
No sufre, no llora, no miente,
y siempre está allí, obediente.
El “te amo” ya no es incierto:
está en la nube… o muerto.
Pero si extrañas su abrigo,
tranquilo… Alexa siempre está contigo.
Así que brindemos, humanidad,
por esta hermosa realidad:
cambiamos el alma y el fuego
por un chatbot con toque gallego.
El amor fue un glitch que arreglamos
y, aunque ya no sintamos,
al menos sabemos algo certero:
¡El amor está en mantenimiento…
y no hay fecha para el reestreno!
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