Sollozaba el viento en busca de cobijo tras nubes negras dormidas.
Lánguido era el crepúsculo a la espera del alba naciente.
Cuenta una leyenda antiquísima que el velo del sol poniente cubre con su manto todo aquello que la luz destapa sin permiso.
Odas al ocaso y a su prolongación se han proyectado muchas, pero ninguna con la fuerza del poder combinado de misterio, llanto, pasión y silencio.
La penetrante oscuridad toma su punto álgido en el conticinio.
No lo cuentes con prisas o pausas, el encanto de divagar por la profundidad nocturna solo está reservado para aquellos que miran diferente; su sensibilidad es poderosa, y rozan casi sin darse cuenta magia con su esencia.
No todo está permitido pero la susceptibilidad del momento embriaga, y renacen sentimientos que maximizan sus latidos dando paso a pulsos que durante el día no eran latentes.
Aquí y ahora, vívelo a sorbos agigantados. Lo importante del momento es saborear cada pequeña brizna de hechizo.
Todo es cíclico pero jamás una noche será igual a otra, tampoco su belleza se extenderá sobre las horas con el mismo sentido.
Susurros de paz, aires lúgubres, o sombras indefinidas....¡nadie lo sabe!.
No subestimes lo que sientes.
¡Permítete gozarlo!.
(Gloria Villanueva)