No serán tus rezos y dichos sin algún parar
Ni el aliento podrido de tu hocico,
Es el simple hecho de nacer y de suplicar
Suficiente para cerrar tu sucio pico.
No serán las sonrisas del día en gran vida
Ni las brizas del viento mezclando tus gemidos,
Es la bala a tu parietal dirigida
Que quitara tus siempre repudiados gritos.