El paisaje de Yaracuy
es una travesía,
donde la plenitud
es natural compañía.
Si sale el sol,
es día
de esplendor,
y si cae la lluvia,
con truenos y relámpagos,
es rima y poesía.
Y si es la luna
la que brilla
inspira a parejas
en la noche enamorada.
Su empireo verdor
es la sinonimia
de su vegetación,
llena de magia y fantasía,
en una opima región.
Es mi tierra, Yaracuy,
una hermosa vitrina,
que exhibe la antologia
de su historia
y geografía.
Su imponente Río Yaracuy
cruza su territorio,
llega a la mar,
dejando al labriego, sembrar,
y a la ciudad,
prosperar.