El Hormiguero
Hoy el hormiguero estalló en revuelta,
un grito rasgó la tierra, ensordecedor,
las obreras, exhaustas por la faena,
alzaron su furia contra la opresión.
La reina, dueña de rancio linaje,
presume su trono, impuesto con maña;
por votos contados, según su antojo,
gobierna con miel negra y sudor ajeno.
Los soldados, que dicen ser protectores,
son solo guardianes de su tiranía,
custodian su reino de sombras y miedos,
reprimiendo el eco de la insurrección.
Los zánganos, vagos de pompa y exceso,
pasean altivos por la corte indigna,
mientras la miseria devora los sueños
y el hambre se clava en las entrañas.
Las obreras, rendidas, sin horizonte cierto,
trabajan por otros, labran su brillo,
mas su esfuerzo se pierde en voces vacías,
y el tiempo les roba hasta la esperanza.
El hormiguero, antaño próspero,
se torna en un nido de trampas y engaños,
donde la reina, en su trono de barro,
cree que su reino será para siempre.
Las nubes grises velan la tierra,
y el suelo fértil se vuelve árido,
como un país que se ahoga en la corrupción
y la persecución.
Sus hijos huyen, buscan amparo,
se pierden lejos, sin rumbo fijo,
hallando sistemas tan inciertos
como el de aquellos que juegan
a dioses del destino ajeno.
Y hoy, por vigésima vez, se apagó
el grito de un pueblo que quiso alzar su voz,
un golpe de estado que se ahogó en sombras,
acabando con el último suspiro de esperanza.