Aún recuerdo aquella vez con total claridad,
con tan solo nueve años sentí la frialdad.
Se escondieron de mí, sin quererme incluir,
y entre risas ajenas me dejaron sufrir.
Me sentí fatal, no mentiré,
pero ¿Qué podía hacer una niña de tan solo nueve?
Esconderse en un rincón, mordiendo el dolor,
con lágrimas tibias y un nudo en la voz.
Esa fue la primera vez que sentí el dolor,
una navaja cruzó todo mi interior.
Soy débil, un alma sin luz ni valor,
prisionera eterna de un hondo dolor.
Crecí con la sombra de todo el rechazo,
preguntándome siempre si valgo acaso.
Todos siempre se alejan, me dejan sola,
como un barco a la deriva sin vela ni ola.
Me pregunto si un día podré sonreír,
tener grandes amigos con quien compartir.
Si no es en esta vida, lo esperaré sin temor,
porque sé que algún día hallaré ese amor.
-Julimuli:3