¡Ay, Hombre!, terco, ruidoso, muy jocoso
¿Por qué siempre eres tan intrometido?
En boca de todos danza tu nombre,
Y solo te importa lugubre asombre...
No, no eres común, menos especial,
Solo eres un escuálido coral...
Tu voz gruesa en mi palacio funebre,
solo hace ruido, moribunda liebre...
Te dare un consejo, mi vil conejo...
Callar y cazar, mi sediento puma...
Cuál orgullo en tinta lleva tu espuma...
Cuidado tendrás al despeñadero,
de mediar en verso lo verdadero...
Lejos estarás como un ermitaño,
por atormentar la paz del rebaño...
Derechos Reservados en Proceso.