Las aves vuelan y muchas veces envidiamos esa libertad, esa capacidad de escapar, de subirse en lo más alto de una torre y mirar hacia a bajo como lo haria un centinela para divisar a los enemigos.
Los lovos andan en manadas, cazan, comen y duermen en grupo y muchas veces envidiamos esa calida compañía, incluso esos aullidos nocturnos que son como gritos de aceptación de tus amigos.
Los tiburones pueden ser el terror del mar y es cierto que no envidiamos eso, lo que si queremos es el respeto que se le tiene a esas criaturas ademas de su destreza para moverse, en lugares peligrosos como lo es muchas veces nuestras vidas.