Dai Rodriguez

No lo castigues a él

No lo castigues por lo que hizo él,
me repito a mí misma en la voz quebrada
de quien ha amado con toda el alma
y ha sido rota sin explicación.

Él no tiene por qué pagar
las sombras que otro dejó en mi piel,
las noches en vela, el llanto callado,
las cicatrices que aún arden al tacto.

No tiene culpa de mis incertidumbres,
ni de las angustias que me habitan,
esas que aquel ser egoísta sembró
mientras se alejaba sin volver a la vista.

Pero aquí estoy, con el pecho temblando,
un corazón herido pero aún resistente,
preguntándome si amar por última vez
será un acto de fe o de acto suicidia.