Llueve sin tregua, llueve sin pausa,
la tarde es un lienzo de sombras y escarcha,
el agua resbala por calles desiertas,
dejando en su rastro reflejos de nada.
Las nubes retumban, susurran su enojo,
el viento las carga de gritos lejanos,
las gotas se aferran al vidrio empañado
como si buscaran abrigo en mis manos.
Llueve en los parques, en viejas ventanas,
sobre los techos de acero y nostalgia,
se cuela en las grietas de historias calladas,
en labios que tiemblan, en cartas cerradas.
El río despierta con furia de siglos,
devora las orillas con hambre y con rabia,
arranca raíces, se lleva caminos,
borra cicatrices que nunca se sanan.
Llueve en mi pecho, llueve en mi alma,
la noche es un lago de dudas y sombras,
me bebo la lluvia, me empapo en su calma,
y dejo que
limpie lo que me sobra.