Puedo escribir mil versos de amor, dibujar con palabras el brillo de tus ojos,
pero siempre dejo de lado
el fuego que aún arde en mi pecho.
No sé si es tristeza,
no sé si es enojo,
si es el peso de los días pasados
o la herida mal cosida que quedó.
A veces, no sé si son poemas
o cartas sin destinatario,
gritos disfrazados de metáforas
que intentan drenar esta guerra en mí.
Desde que los conocí,
soy caos y melodía,
luz y sombra entrelazadas,
una historia sin final escrito.