Derrama el jardín serpientes
susurran desde el follaje,
bífidas hojas afloran
sedientas de ajena carne.
Más hermosa es la distancia
que otrora mirada esparce,
quiebra la voz en la lira
la hiel que al dolor atrae.
En tormentas sin arena
mutan lágrimas en mares;
yermos de ríos sin luna
huérfanos de tibias tardes.
Arándanos por vestido
reluce el gastado catre,
en un palacio de onix
aguarda, que el reloj calle.