“La poesía no quiere adeptos, quiere amantes”
Federico García Lorca
APRECIACIÓN
La poesía recostada sueña: Estoy herida y no podré despertar y divertirme nunca más; ya nadie me abraza y suspira conmigo; compran, venden y las estrellas están ahí. Hablan y no escuchan mi canto; mientras aleteo en las nubes nadie me mira; visto en los copos de nieve, no admiran mi belleza. Soy invisible; trino y muestro mi plumaje, enmudezco.
Intento despertarla, pero su rigor mortis me desanima y entristece, musito con angustia plegarias de su fin: Oh virtuosa de las profundidades del corazón humano, que llegaste más allá de todo, descansa; el hombre al olvidarte tomó rumbos inciertos, atrabiliarios, mórbidos,... No te levantaré monumentos, ni te haré lápidas. Cuidaré ese jardín en que al levantarse el sol se encienden y brillan los lirios y magnolias en el rumor dulcísimo de una fuente que teje nuevas palabras en memoria de tu inefable espíritu.
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