José Antonio Artés

EL RINCON

En el ámbito de la casa,
donde el tiempo no tiene prisa,
duermen las risas como campanas olvidadas,
y el murmullo de las tardes largas
se convierte en el gozo que alimenta la vida.

Ahí, donde las historias se entrelazan,
donde el silencio se arropa en el alma,
ese espacio sigue siendo mío,
el que no necesita palabras,
el que es, sin más, mi refugio.

Las sillas ya no son las mismas,
pero guardan el calor de las manos que las tocaron.
La lámpara, aunque apagada,
ilumina aún los recuerdos que no se ven.

A veces, cuando cierro los ojos,
veo las mismas caras, los mismos gestos,
y las voces de mis seres queridos,
tejiendo recuerdos que ahora son míos.

Pero en otros momentos me pregunto
si ese lugar no es solo una ilusión,
un cobijo que construí
para escapar de la rutina que no perdona.

Aunque los días sigan fluyendo,
ese rincón será siempre mío,
una raíz que nunca decrece,
el lugar donde la mente descansa,
la tumbona donde las emociones se mecen.

José Antonio Artés