Huele a lluvia en la ventana,
a café tibio y leña ardiente,
a aquel perfume que olvidaste
sobre mi abrigo, inadvertente.
Las calles guardan tus pisadas,
susurran nombres sin querer,
y en cada sombra de la noche
te dibujo para no ceder.
Pero el tiempo es río incierto,
arrastra todo sin piedad,
y aunque mi alma te reclame,
solo me queda recordar.