En la quietud de la noche, cuando el alma suspira,
mi corazón se ahoga en un mar de deseos no pronunciados.
Tus ojos, dos faros en la distancia,
han sembrado en mí un anhelo que no puedo nombrar.
Eres la luna que nunca rozaré,
el viento que acaricia mi piel sin que lo pueda retener.
Mi amor por ti es un eco silenciado,
un suspiro que se desvanece antes de tocar la realidad.
A menudo te busco en la penumbra de mis pensamientos,
te encuentro en cada rincón de mi mente,
y me pierdo en la fragancia de lo imposible,
donde mi alma se arrastra sin esperanza.
No puedo hablarte, ni siquiera mirarte,
porque mis palabras son cadenas que no puedo romper.
Cada sí que no te dije, cada beso que no robé,
son las cicatrices invisibles que mi pecho guarda.
Eres el deseo prohibido que mi alma abraza
en un abrazo que jamás se consumará.
Y aunque te tengo en mis venas,
sé que jamás te poseeré, ni en sueños.
Así, te amo en el silencio, en la distancia infinita,
donde mis palabras nunca serán escuchadas.
Este amor, tan puro, tan profundo,
se ahoga en el eco de mis susurros no dichos.
Y mientras mi corazón arde en esta condena callada,
sé que el silencio de mis palabras será mi única respuesta,
un amor que se queda guardado en lo profundo,
sin nunca escapar hacia el mundo.
MAQUIAVELICA