Ricardo Castillo C.

CUADERNOS LLENOS, CABEZAS VACÍAS

Cada hoja repleta, sin un hueco en blanco,
cada letra escrita sin preguntar.
Los niños se aburren, los padres aplauden,
pero en sus mentes no queda nada.

Tinta sin alma, frases sin peso,
el cuaderno es un premio vacío.
Importa el relleno, no el pensamiento,
importa el orden, no el desafío.

Y al final del año, lo guardan con orgullo,
como si en sus páginas viviera el saber.
Pero el niño lo olvida, el papel se arruga,
y en su cabeza no hay nada que arder.