Te ofrezco mi reliquia vindicadora. Tómala
que está hecha de aurora, de promesa y de duelo,
con nieve de montaña e inmensidad de cielo,
con luz de luna, y música, y vuelo de paloma.
Tómala, y la recites en ese extraño idioma
que estremece y que imita la voz del violoncelo;
que surque y que se rompan los témpanos de hielo
allí en donde el arcano al escucharte se asoma.
Al fin, cuando la tengas será más día el día
por ver el sol más bella la aurora a la que besa;
más flor la flor; más limpio el fulgor de la armonía;
y aún más elocuente el amor que no se expresa.
Será el recordatorio, mi amor, de la promesa
de amarte en la tristeza aún más que en la alegría.