El viento juega con las hojas,
susurra historias sin final,
en cada rama se dibuja
un eco azul del mar y el sal.
El sol, aún tímido, despierta,
deshace sombras de cristal,
y en su calor la tierra entera
canta un latido primaveral.
Las nubes danzan en su juego,
se visten de oro y algodón,
y en su vaivén dejan un rastro
de luz prendida en el balcón.
Que este marzo traiga alas,
susurros nuevos por contar,
y en cada brisa nos regale
la dulce paz de su cantar.