Te encontré sin buscarte,
en la brisa lejana de un mensaje,
en la risa compartida a destiempo,
en los días que acortaban distancias
sin movernos del mismo lugar.
A veces, fuimos fuego;
otras, ceniza en el viento.
Nos amamos, nos perdimos,
pero nunca nos dejamos ir.
Pasaron los años,
y el amor creció en susurros,
en la certeza callada
de un lazo uniéndote a mí.
Me prometiste encontrarme
te prometí no dudar y esperar.
Un día, venciendo la distancia,
llegaste.
Ahí estabas, forastero, de mi alma migrante,
como si nunca hubieras estado lejos,
como si el tiempo solo hubiera sido
un puente hacia este abrazo.
Me estrechaste...
Y en ese instante supe...
Y en este instante sé...
que ya nunca más
Podré soltarte.