En mis sueños
me visitan
mansos mis muertos;
me ven sin verme
como gatos ajenos
amos de un tiempo
que no me pertenece.
Los pierdo (o me pierden)
al alba,
lentos y tristes
como niños que se van
sin despedirse.
Volverán otra noche
sin anunciarse y,
sin reconocerme,
entrarán sigilosos
en el insondable campo de mi insomnio.