Te veo, discurriendo en el jardín
con un halo de ternura
y tu volcánica pasión por el afecto
tan graciosa a los caprichos del tiempo.
Te veo, con tu túnica blanca
de mañanas frescas de verano
con tus cabellos negros que se
entrecruzan en las ramas de mi esperanza.
Te veo, caminando por el patio
colgando los sudores del trajinar
enjuagando tus manos del agua vida
y unos ojos tan tiernos por la flor.
Te veo, tan sol, tan luna
tan cariño en tu accionar por los demás
tan alegría, tan llanto
en tus afectos por los tuyos.
Te veo, nostálgica abriendo tu alma
a tus ausencias más lejanas
tan real en tu encuentro con el adiós
como una errante rosa que no se detiene.
EH