Yo pensé en un principio para todo,
un principio que acaba en un final,
siendo el tiempo medida de un periodo.
Y al nacer un propósito especial,
quedará sin transfondo en la memoria
y en los laudos de amorfo tribunal.
Hay empeños que dejan triste historia,
sin temor a los juicios de los credos
ni a grilletes que pone la pretoria.
Pero llega el final de los sangredos
pues por ley, todo pasa, todo llega,
y es entonces cuando aparece el miedo,
ese miedo que encoge, que doblega,
sin quedar nada ya que lo compense
pues la última justicia ya no es ciega.
Lo que pasa, solo pasa en suspense
mientras llena esos negros corazones
que se agotan en números circenses,
pero es útil en legados de guiones
para adeptos a signos y las huellas
que pisan ignorantes y bufones.
Y pensé en las figuras de parellas,
por nacer como piedras de celerios
donde siempre anidaban las sisellas,
monolitos carentes de misterios
que podían ser lienzo de un cincel
para losas de un pulcro cementerio,
y pensé que si hay sal en un pastel,
no se nota al fundirse por la masa
pues se queda entre vacuos a granel.
Jhet