Que tu voz, mujer,
no sea solo eco,
sino viento que empuja barcos
y brisa que despierta árboles.
Que tu paso no siga senderos
marcados por otros pies,
sino que invente caminos
en la tierra que aún sueña
con tu huella.
Deja que tu risa sea río
que arrastra la tristeza,
que tu ternura sea grieta
donde nazcan los brotes
de lo imposible.
Porque en tu pecho
llevas soles encendidos,
y en tus manos
la caricia que el mundo espera.
Que tu canto, mujer,
no se quiebre en las esquinas,
que no lo callen los siglos,
que vuele alto,
como un pájaro
que aún cree en la primavera.