Ella era una mujer muy fiel,
que sentía, angustia y dolor.
Y un hondo vacío en su ser.
Nadie la endulzaba con amor.
Ella miró un ser diferente,
que, con juegos y malicias,
cosquilleó, sagaz su vientre.
Era un don juan de pericias.
La cautivaron, lisonjas y caricias,
blandos rellenos chocolates y una flor.
Frases que destilaban mil delicias,
hasta sentir, en el pecho temblor.
Y entre sonrisas y jugueteos,
Se besaron ardientemente.
A los días vómitos y mareos.
Y el galán la sacó de su mente.
indagó diligente por las calles.
El don juan, se había perdido.
Suplicante con llanto y detalles,
le contó la verdad al marido.
En su afonía, dio su veredicto.
Y en silencio, cayó como roca.
En la noche se publica el edicto.
Y en la aurora, su perdón invoca.
El niño nació de hermosa presencia.
Su madre le instruyó regios valores.
“Y si algún día, tu padre se presenta”
Dile;
“señor, usted, no tiene los honores”