Origen de la Vida
En el principio, el silencio era todo,
un vacío que guardaba el secreto del aliento.
La tierra yerma, el cielo sin nombre,
y en el abismo, un latido, un suspiro eterno.
Fue el agua quien primero despertó,
en su fluir, la vida comenzó a brotar.
Moléculas danzaron en la oscuridad,
y en su unión, el fuego del alma encendió.
Cuerpos frágiles, de barro y luz,
emergieron del caos, del misterio ancestral.
No solo carne, no solo hueso,
sino espíritu que vibra en lo material.
El soplo divino cruzó el tiempo,
y en cada ser, un eco resonó.
Somos polvo de estrellas, sí,
pero también chispas de lo eterno.
La vida es un puente, un hilo dorado,
que une lo terrenal con lo sagrado.
En cada célula, en cada respiración,
habita el universo en comunión.
No hay división, no hay separación,
el cuerpo es templo, el espíritu, canción.
Y en este baile de materia y esencia,
se revela el misterio de nuestra existencia.
Así, el origen no es solo un punto en el tiempo,
sino un continuo, un eterno movimiento.
Somos vida que busca comprenderse,
unidad que se expresa en este eterno verso.