El Corbán

ENAJENADO DE AMOR

Oh, néctar supremo que vierte tu boca,

rocío dorado que embriaga mi ser,

me ofreces tus labios en copa de alondra,

y en tu aliento exhalo mi dulce placer.

 

Qué magna condena, qué justa tortura,

ser reo en las sombras de tu corazón,

prendido en tus redes, sin voz ni armadura,

mas loco y dichoso en mi sumisión.

 

Tu hálito es brisa que invade mi entraña,

tu risa, mi génesis, mi epílogo cruel,

y bebo en tus ojos la luz que me baña,

peregrino eterno en tu amanecer.

 

Ah, qué desdicha, vivirte y amarte,

morir en tu pecho, nacer en tu piel,

ser todo en tu todo, perderme al hallarte,

soñando que un día te canses también.

 

Mas callo y sonrío, es dicha el abismo,

si muero en tu abrazo, bendito final,

y si en esta égida de absurdo espejismo

me nombras tu dueño… te dejo reinar.