Antes la noche me causaba desvelo,
buscando entre la luna aquel conejillo,
viendo si quizás a su saltos me llevaba,
pensaba en vivir de su luz,
ser dueño de la noche,
guiar los sueños de otros corazones.
Ahora le contemplo, desde unos brazos
desde el manso calor de un cuerpo
acurrucado, entrelazados.
Ahora el conejillo, me burla juguetón
susurra secretitos que le dicen los niños,
duerme un poco más,
ahora yace, en consuelo,
sin miedos.